Curso de Liturgia

Santa Cruz de Riobamba, julio 4-5 de 2017

P. Víctor Gualán, SS. CC.

 

Objetivo: Transmitir los conocimientos básicos de la liturgia con el fin de valorar más lo que la Iglesia nos pide.

Martes, 4 de Julio.

1. La estructura Trinitaria de la Liturgia (base teológica)

¿Qué es la liturgia? Es la obra sacramental de la Iglesia, en su función de santificar. Es el ejercicio sacerdotal de Cristo (Mediator Dei. 1947. Pío XII).

Anteriormente no había estudios de liturgia. Había sólo rúbricas que el sacerdote tomaba en cuenta.

Hablando sobre el silencio, éste incomoda, no se espera que lo haya, piensan que es un momento de ocio, que no debe presentarse, pero forma parte de la fe, es la recepción, el silencio puede ayudar a la recepción de la palabra.

A veces, por ahorrar tiempo, la liturgia queda en un segundo plano; la liturgia tiene un tiempo sagrado, la eternidad entra a formar parte de la celebración; el tiempo cambia con este elemento.

No es lo útil, lo rápido que deba priorizarse en la liturgia. Hay que educar a la gente. En esto debe participar. No es solo hacer algo, sino participar de la obra de Dios, de la vida divina que nos es dada. Ser parte más que hacer cosas. No solo hago sino que recibo algo. La liturgia es ir de lo visible a lo invisible. Y desde el gesto ir a lo que tiene un profundo significado.

Liturgia, obra de la Santísima Trinidad

Los gestos deben ser explicados porque no son comprendidos. La liturgia resulta vacía porque no se entiende, hay que buscar criterios comunes para la liturgia.

El Catecismo de la Iglesia Católica, en su primera parte nos habla de la fe a partir del credo. En su segunda parte, habla de los sacramentos y de la liturgia; habla también de la historia de la salvación. El día de la Iglesia es el día en que ésta se inaugura por medio de la acción del espíritu Santo o Pentecostés.

Después de la segunda venida de Cristo, la parusía, ya no habrá más liturgia. En el apocalipsis se celebra la liturgia del final de los tiempos, el Verbo que es Cristo es palabra de acción, Cristo es la gran bendición y la Iglesia tiene esta misión de bendecir.

Todo esto acontece en la Iglesia. Ahora en lugar de ritos se habla de actos litúrgicos: porque la liturgia es dinámica y expresiva. Tampoco se habla ahora de música sacra sino de música litúrgica. Lo trinitario constituye el principio teológico fundamental. Habría que preguntarnos qué de Dios estoy haciendo o no. Por eso la misa con algunas de sus formulaciones comienza “la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del espíritu Santo, estén con todos ustedes.”

La celebración tiene esa doble dimensión: la horizontal y la vertical. Mira hacia arriba (al Padre) pero hace caminar hacia adelante (hacia los demás). Y esto porque el Padre es fuente de bendición, la palabra que es bendecir y es don. El Padre es el origen de todo y a él regresará todo; toda la acción se dirige Padre en comunidad. La misa no es para el pueblo sino con el pueblo; esto lo dice el Catecismo de la Iglesia Católica en sus números 1082 y 1083.

Presencia y obra del Verbo encarnado

Dios se coloca en nuestro lugar cuando envía a su hijo Jesucristo. Nuestra fe toma diferentes formas. Dios toma una imagen al tomar en nuestro cuerpo. Se representa en la cruz. La imagen nos ayuda a pasar de lo invisible a lo visible pero también de lo visible a lo invisible. El pan y el vino, por ejemplo, nos ayuda a entender la entrega de Jesucristo. De los sacramentos se desprenden los sacramentales para todos los momentos de nuestra vida. Nuestra liturgia pasa por palabras, actos, estructuras y cosas.

Cuando la Iglesia hace un acto sacramental o litúrgico, es el mismo Cristo quien lo hace; el ministro está obligado a hacer ese acto litúrgico para que Dios se haga presente en la comunidad.

A Dios hay que adorarlo, bendecirlo y alabarlo.

El amor al prójimo es la vía horizontal. Con Cristo se abre el contacto entre Dios y los hombres. Todo se realiza en nombre de Cristo: “por Cristo, con él y en él…” esta es la doxología. De esto nos habla el Catecismo en el número 1187. El Cristo total y la Iglesia total. Alfa y Omega. “Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre”. Dios ha puesto todo esto en la fragilidad de nuestras manos.

Por medio de los sacramentos Cristo sigue actuando. La liturgia actualiza el misterio pascual. Por eso la Liturgia es memoria, anamnesis. Cristo resucitado está presente en la liturgia. Cuando se canta el kyrie, se refiere al Kyrios que es el Resucitado, es el misterio de Cristo. Hay que ver los actos históricos de Jesús como actos salvíficos. Cristo resucitado en su palabra. La iglesia sigue el misterio de Cristo.

Hay que ser muy conscientes también de la presencia de Cristo en los pobres. La liturgia hace extensiva la redención a los demás, a quienes no están presentes.

En la liturgia, a través del leccionario, se tiene en cuenta otra lógica para las diferentes lecturas litúrgicas y la Eucaristía. No es algo cronológico.

La hostia, como Cuerpo de Cristo, se parte, se reparte y se comparte. Es la koinonía.

La liturgia, toma en cuenta sus inicios en las primeras comunidades cristianas, allí se ponía en común los bienes, esa es nuestra actual ofrenda. Y ella tiene una dimensión ritual y eucarística que va unida a la presentación de los dones.

Presencia y obra del Espíritu Santo

No hay liturgia sin el espíritu Santo, éste obra a través de las manos consagradas; esto es obra del Espíritu Santo. En la liturgia de la Eucaristía y de los demás sacramentos somos contemporáneos de Jesús por obra del Espíritu Santo. El tiempo desaparece y es el tiempo de la eternidad, de la unidad. La Iglesia santa y pecadora llega a ser Santa por la sangre del cordero en la Parusía. El Espíritu Santo se hace presente a través de signos y acciones de los sacramentos. El espíritu Santo pone en relación a Cristo con los ministros, por eso no hay que ir en vano a la misa. Hay que salir transformados (L.G. 7-8).

Los ritos de las comunidades y pueblos antiguos buscaron relacionarse con Dios y éste tomó todo esto para hacerse presente a través de una Epifanía. Esta Epifanía es un encuentro con Dios que supone un gesto ritual: es el caso de Abrahán, de Moisés y Jacob.

A la gente no hay que enseñarle solamente las partes de la misa, sino también el significado de todo lo que se hace. Tiene que ser una catequesis mistagógica del misterio, y kerigmática, como lo advierte el papa Francisco en “La alegría del Evangelio”.

2. La sacramentalidad de la liturgia. Signos, símbolos, oraciones, ritos…

Sobre el lenguaje no verbal en la Liturgia

La estética, lo bello, la armonía hay que tomarlo en cuenta en la liturgia. Un autor del siglo xiv decía: “los hombres tienen un deseo tan grande y poderoso que supera la propia naturaleza. Su búsqueda es mayor que aquello que puede lograr obtener. Ese deseo es una manera de hablarle a nombre de un destino último”. No es un simple esteticismo, sino dar todo lo mejor que se tiene para vivir la liturgia. San Agustín decía: “conozco lo que amo”. El conocimiento nos lleva al amor pero el amor nos lleva a conocer. Entran en juego la instrucción, la información y la razón. Pero esto no implica el conocimiento de la realidad; hay que tomar en cuenta el amor para tener una experiencia, una relación real con las cosas. Dios ama primero. Nos alcanza y lo experimentamos. ¿Qué entra en juego en la acción litúrgica? El lenguaje va más allá de un significado evidente u ordinario. Tenemos que resignificar nuestros actos. Anteriormente el ritual de la Iglesia tenía un apoyo del derecho canónico pero después del Vaticano Segundo eso cambió. Las rúbricas de antes se han convertido hoy solamente en indicaciones. La liturgia actual tiene un sentido teológico y antropológico, porque se trata de una estrecha relación entre Dios y su criatura.

Actos litúrgicos (ritos)

Misa, sacramentos y sacramentales, Oficio Divino (Liturgia de las horas).

Ejercicios piadosos o de la piedad popular

Rosario, novenas, letanías, viacrucis.

Elementos que constituyen la liturgia

Sagrada Escritura, comentarios de los Padres de la Iglesia, cantos, oraciones, actos litúrgicos; objetos, lugares y personas

Asamblea litúrgica. El pueblo de Dios celebra, no es un grupo solamente; está convocado por Dios. Por eso están prohibidas las misas privadas. Las acciones litúrgicas pertenecen a todos. Por lo cual hay funciones claras de participación.

Elementos de la asamblea litúrgica

La iniciativa es de Dios, él convoca. La comunión, el comulgar, es para entrar en profunda unión con Dios y con los demás. El sacrificio de Cristo y el del Eucaristía son uno mismo. Esto lleva a un compromiso que significa la autenticidad de la celebración eucarística: caridad y solidaridad. La misión de la asamblea es hacer visible la Iglesia. En la capilla, en la iglesia local está presente la Iglesia universal. Tiene que haber una preocupación misionera, que Cristo reine en nosotros para poder hacer presente el reino.

La iglesia como comunidad sacerdotal

El pueblo de Dios, como bautizados, como participantes del sacerdocio común de Jesucristo, concelebra, no solo es un destinatario. Por eso es tan importante la oración comunitaria que es del pueblo, y la oración personal. De ahí la importancia de rezar el Oficio Divino que es para consagrar el día, pero es una oración que se hace también a nombre de toda la Iglesia.

Características de la celebración

La celebración es una fiesta, es un hecho, un acontecimiento; genera una comunidad cristiana. No es algo social. De igual manera, genera un compromiso. Hay una serie de gestos y posturas personales. Interviene el cuerpo; se busca la uniformidad en las posturas, porque se busca la unidad de los creyentes en un gesto único, es decir, se busca la koinonía.

Significado de las posturas

De pie. El levantarse, significa levantarse como Cristo resucitado. Significa también respeto, disponibilidad, atención, dignidad por ser libres. En la Eucaristía pasamos más tiempo de pie que sentados.

Sentados. Actitud de atención, de querer aprender, de recibir. Es una actitud pasiva, que escucha al Maestro.

De rodillas. Significa adoración, humildad, pequeñez.

Gestos con los brazos y las manos. Actitud orante se tienden a Dios. Manos levantadas y con las palmas hacia arriba, significa una actitud orante. Los dedos cruzados, se puede entender como recogimiento, como disponibilidad.

Brazos cruzados no significa algo negativo, puede entenderse como estar esperando una misión, puede ser entendido este gesto como de esperanza.

Los salmos son fuente de gestos y de posturas.

El canto como símbolo

El silencio es una actitud litúrgica, un signo y símbolo de una actitud de escucha. Por eso hay silencio cuando se hace la lectura de la palabra de Dios, durante la reflexión, después de la comunión.

Las procesiones, el caminar, puede ser entendido como un acto litúrgico. Por ejemplo, la procesión de entrada debe ser vista como ir al encuentro del Señor. Lo importante es la finalidad de ese caminar, buscar al Señor, o pensar que estamos de paso por la tierra dirigiéndonos al encuentro del Padre que nos creó. El sacerdote debe esperar a que la gente se acerque para comulgar, esto significa que la gente busca al Señor, tiene hambre de él.

Los colores en la Liturgia

Es importante la parte visual. En esto también hay que educar a la gente acerca de los diferentes colores que se presentan en la litúrgica.

Blanco. Solemnidades y fiestas, significa luz, inocencia y alegría. Significa también resurrección. Por eso la Iglesia sugiere que este color esté presente en las exequias. Se refiere, asimismo, a la transfiguración del Señor.

Rojo. Significa fuego, caridad, heroísmo, sacrificio.

El verde. Evocada la esperanza. Hace alusión a la primavera, a la vegetación y a la acción de dar fruto. Es propio del tiempo ordinario, es una expectativa de lo que va a pasar, de lo que viene.

El color morado, significa, paciencia, esperar, austeridad, sobriedad. Es propio del Adviento y de la Cuaresma. Asimismo, es utilizado durante el sacramento de la reconciliación y en las exequias.

El rosado, es utilizado el tercer domingo de adviento (Gaudete: alégrense), y el cuarto domingo de Cuaresma; porque se está cerca de…

El azul, se utiliza en las fiestas de la Virgen María.

Las vestiduras sagradas

Invitan, como dice San Pablo, a ser revestidos de Cristo. El alba y el cíngulo, significan la pobreza obtenida en el bautismo, y también la transfiguración a la que estamos llamados. El cíngulo, es símbolo de castidad, pureza y templanza. Fortaleza y disponibilidad.

La estola es el siglo visible del sacerdocio; significa la autoridad de quien preside una Eucaristía o cualquier otro sacramento.

La casulla, significa que Cristo cubre a la iglesia. Es signo de recubrirse de Cristo. Quien preside lleva la casulla.

La capa pluvial, se utiliza cuando se realiza la adoración del Santísimo, durante la procesión.

El humeral o paño de hombros, se utiliza para cubrir los hombros y las manos cuando se coge la custodia.

Vestiduras, espacios, utensilios e insignias pontificiales

El solideo, el anillo que significa la unión del Obispo con su Iglesia, con su diócesis; la mitra; el báculo que es símbolo antiguo de la autoridad de Cristo pastor. También están las sotanas, que en el caso de los obispos, cardenales y el papa cuentan con un fajín; también está el solideo que advierte de la jerarquía según su color: blanco para el papa, rojo para los cardenales y violeta para los obispos.

El incienso era usado para alejar a los malos espíritus. Pero en la Iglesia es utilizado para alabar a Dios y para hacer sagrado el lugar donde se realiza un acto sagrado.

El altar es el lugar central del templo. Antes eran de piedra pero ahora son de madera.

El ambón es la sede. Es un lugar fijo. Desde donde se proclama la Palabra. Es el lugar del Obispo y del Papa. Nadie lo puede ocupar; no debe ser utilizado para hacer avisos.

La misa hay que entenderla como el memorial del Señor: “hagan esto en memoria mía.”

En la actualidad, la Eucaristía se ve menos como un sacrificio redentor y se le aprecia más como una cena comunitaria y familiar. Sin embargo, hay que tratar de conciliar los dos momentos o los dos aspectos tanto de sacrificio como de fiesta. Un criterio para esto es tener claro el motivo, el objetivo de la celebración.

La consagración debería ser un momento de silencio y de adoración; pero no necesariamente se tiene que estar de rodillas, lo importante es fijar la mirada en la hostia y el cáliz, por eso se llama elevación, porque están levantadas para ser contempladas y para agradecer a Dios por darnos a su Hijo, y a Jesús por entregarnos su vida. Nosotros también somos ofrenda. El pan y el vino recogen los demás objetos que se quieren presentar. En la liturgia hay que buscar la sencillez y la discreción. El pueblo mismo, no los monaguillos o acólitos, debe llevar el pan y el vino que van a ser consagrados, es el mismo pueblo que va en procesión quien debe presentan estas ofrendas. En la liturgia hay que tener dos aspectos fundamentales, están presente la teología y la antropología. Es el momento en que el hombre entra en contacto con su Creador, y el Creador se pone en relación con su criatura.

Miércoles, 5 de julio.

3. Música y liturgia. Magisterios, comprensión y aplicación ritual. “Cantar la misa antes que cantar en la misa”.

La celebración litúrgica implica salir de lo cotidiano, de lo ordinario, y el canto, la música ayudan a encontrar este sentido. “El Señor merece una alabanza armoniosa” (Salmo 146). En los salmos encontramos abundantes alusiones a instrumentos musicales: el arpa de diez cuerdas, el pandero, oboes, pandero, tamboril… La referencia a determinados instrumentos musicales, la alusión a melodías concretas así como la tonalidad e intensidad en que han de ser cantados, permiten que nos hagamos una ligera idea de cómo podían ser utilizados los salmos en los momentos de mayor esplendor.

Pero también hace referencia a determinado tipo de comportamientos, así como a los momentos cuando hay que callar, gritar o cantar.

La liturgia nos libera del actuar común y nos devuelve a la profundidad y a la altura.

Surgen preguntas como qué es y qué no es litúrgico. Cuál sería lo adecuado o no adecuado de la música litúrgica.

La liturgia hace presente el misterio de Dios a través de los sacramentos. Allí es importante la música. La fe no llega por la palabra, el sonido que hay que escuchar. En la música, el sonido se articula de manera especial. En El Antiguo Testamento se escucha la voz de Dios que tiene una modalidad, un tono, un timbre especial. El Verbo tiene una voz también especial que implica unas condiciones para poder escucharla.

En la celebración eucarística, por ejemplo, hay mucha palabra. Son utilizados varios libros: la Biblia o el leccionario, el misal, el libro de cantos, el libro de la sede, el ritual de los sacramentos…

Ahora bien, no sólo se canta en la misa, también en la celebración de los sacramentos, en la Liturgia de las horas. Se constituye en la oración de la Iglesia, en un canto de alabanza.

¿Qué provoca el canto en nuestra celebración?

En 1967, la Sagrada Congregación de Ritos se da a conocer la Encíclica Musicam Sacram, para poner en práctica aquello que el Vaticano II pedía. Esta Encíclica es la única que se ha escrito sobre estos temas, no hay otra.

Una acción litúrgica (ritos) al quiere más nobles a cuando se hace por medio del canto, nos dice la Encíclica. Se le da otro valor a las palabras, el espíritu se eleva más fácil hacia el misterio, hacia lo invisible. La música es servidora de la Palabra. La música le da fuerza, belleza. Al texto se le arropan con armonía con melodía. La palabra adquiere un sentido nuevo. La iglesia en la antigüedad oraba cantando.

La música busca adaptarse a la situación, a la realidad, buscando siempre la mayor participación de la gente. Se toma en cuenta la solemnidad del día y la asamblea; éstos son criterios muy importantes para seleccionar los cantos, la música, e inclusive los instrumentos.

Está la participación exterior a través de gestos, aclamaciones, cantos, posturas…; pero debe buscarse también la participación interior, que los fieles se unan en espíritu a lo que se está celebrando. En este sentido la música genera sentimientos y energías que van más allá de la voluntad.

De igual manera, la música tiene que estar en sintonía con el sexto y el rito. El papa Francisco, en marzo de este año, con motivo de los encuentra años de la Encíclica Musicam Sacram, recuerda aquellos principios y elementos fundamentales de la música litúrgica.

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO

A LOS PARTICIPANTES EN UN CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE MÚSICA SACRA

Sala Clementina

Sábado 4 de marzo de 2017

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Tengo el placer de encontrarles a todos vosotros, reunidos en Roma procedentes de distintos países para participar en el Congreso sobre “Música e Iglesia: culto y cultura 50 años después de la “Musicam sacram”, organizado por el Pontificio Consejo de la Cultura y de la Congregación para la Educación Católica, en colaboración con el Pontificio Instituto de Música Sacra y el Pontificio Instituto Litúrgico del Ateneo San Anselmo. Os saludo a todos cordialmente, empezando por el cardenal Gianfranco Ravasi, al que doy las gracias por su introducción. Deseo que la experiencia de encuentro y de diálogo vivida en estos días, en la reflexión común de la música sacra y particularmente sobre sus aspectos culturales y artísticos, resulte fructífera para las comunidades eclesiales.

Medio siglo después de la Instrucción Musicam sacram, el congreso ha querido profundizar, en una óptica interdisciplinar y ecuménica, la relación actual entre la música sacra y la cultura contemporánea, entre el repertorio musical adoptado y usado por la comunidad cristiana y las tendencias musicales prevalentes. De gran importancia ha sido también la reflexión sobre la formación estética y musical tanto del clero y de los religiosos como de los laicos comprometidos en la vida pastoral, y más directamente en las scholae cantorum.

El primer documento emanado del Concilio Vaticano II fue precisamente la Constitución sobre la liturgia Sacrosanctum Concilium. Los Padres Conciliares advertían bien la dificultad de los fieles para participar en la liturgia de la que ya no comprendían plenamente el lenguaje, las palabras y los signos. Para concretar las líneas fundamentales trazadas por la Constitución, fueron emanadas las Instrucciones, entre las cuales, precisamente, la de la música sacra. Desde entonces, aunque no se han producido nuevos documentos del Magisterio sobre el argumento, ha habido varias y significativas intervenciones pontificias que han orientado la reflexión y el compromiso pastoral. Todavía es de gran actualidad la premisa de la mencionada Instrucción: «La acción litúrgica adquiere una forma más noble cuando se realiza con canto: cada uno de los ministros desempeña su función propia y el pueblo participa en ella. De esta manera, la oración adopta una expresión más penetrante; el misterio de la sagrada liturgia y su carácter jerárquico y comunitario se manifiestan más claramente; mediante la unión de las voces, se llega a una más profunda unión de corazones; desde la belleza de lo sagrado, el espíritu se eleva más fácilmente a lo invisible; en fin, toda la celebración prefigura con más claridad la liturgia santa de la nueva Jerusalén» (n. 5).

El Documento, siguiendo las indicaciones conciliares, evidencia más veces la importancia de la participación de toda la asamblea de los fieles, definitiva «activa, consciente, plena», y subraya también muy claramente que la «la verdadera solemnidad de la acción litúrgica no depende tanto de una forma rebuscada de canto o de un desarrollo magnífico de ceremonias, cuanto de aquella celebración digna y religiosa» (n. 11). Se trata, por eso en primer lugar, de participar intensamente en el Misterio de Dios, en la “teofanía” que se cumple en cada celebración eucarística, en la que el Señor se hace presente en medio de su pueblo, llamado a participar realmente en la salvación realizada por Cristo muerto y resucitado. La participación activa y consciente consiste, por tanto, en el saber entrar profundamente en tal misterio, en el saberlo contemplar, adorar y acoger, en el percibir el sentido, gracias en particular al religioso silencio y a la «musicalidad del lenguaje con la que el Señor nos habla» (Homilía en Santa Marta, 12 de diciembre 2013). En esta perspectiva se mueve la reflexión sobre la renovación de la música sacra y sobre su preciosa aportación.

Al respecto, emerge una doble misión que la Iglesia está llamada a perseguir, especialmente a través de los que de distinta forma trabajan en este sector. Se trata, por una parte, de proteger y valorar el rico y variado patrimonio heredado del pasado, utilizándolo con equilibrio en el presente y evitando el riesgo de una visión nostálgica o “arqueológica”. Por otro lado, es necesario hacer que la música sacra y el canto litúrgico sean plenamente “inculturados” en los lenguajes artísticos y musicales de la actualidad; sepan encarnar y traducir la Palabra de Dios en cantos, sonidos, armonías que hagan vibrar el corazón de nuestros contemporáneos, creando también un oportuno clima emotivo, que disponga a la fe y suscite la acogida a la plena participación al misterio que se celebra.

Ciertamente el encuentro con la modernidad y la introducción de las lenguas habladas en la Liturgia ha provocado muchos problemas: de lenguaje, de formas y de géneros musicales. A veces ha prevalecido una cierta mediocridad, superficialidad y banalidad, a expensas de la belleza e intensidad de las celebraciones litúrgicas. Por esto los varios protagonistas de este ámbito, músicos y compositores, directores y coristas de scholae cantorum, animadores de la liturgia, pueden dar una preciosa contribución a la renovación, sobre todo cualitativa, de la música sacra y del canto litúrgico. Para favorecer este recorrido, es necesario promover una formación musical adecuada, también en los que se preparan para convertirse en sacerdotes, en el diálogo con las corrientes musicales de nuestro tiempo, con las instancias de las diferentes áreas culturales, y en actitud ecuménica.

Queridos hermanos y hermanas, os doy las gracias una vez más por vuestro compromiso en el ámbito de la música sacra. Os acompañe la Virgen María, que en el Magnificat cantó la santidad misericordiosa de Dios. Os animo a no perder de vista este objetivo importante: ayudar a la asamblea litúrgica y el Pueblo de Dios a percibir y participar, con todos los sentidos, físicos y espirituales, al misterio de Dios. La música sacra y el canto litúrgico tienen la tarea de donarse en el sentido de la gloria de Dios, de su belleza, de su santidad que nos envuelve como una “nube luminosa”.

 

Os pido por favor que recéis por mí y os imparto de corazón la Bendición Apostólica.

 

Asimismo, Benedicto XVI, refiriéndose a la música en la liturgia, dice que debe tener una dimensión “mágica”, debe “encantar”.

Antiguamente, los cantos litúrgicos surgían de la oración, de la meditación sobre el texto de la palabra de Dios.

Hay varios tipos de misas: la misa solemne que es toda cantada, la misa cantada donde se cantan algunas partes de la misa, y la misa rezada, en la cual no hay cantos.

La misa solemne es para los llamados tiempos litúrgicos fuertes el actual canta el ministro, canta el coro y también el pueblo.

Sobre el tema de la inculturación de la liturgia, debe haber una doble misión: continuidad con el pasado y una apropiada actualización para el presente. Hay que inculturada los cantos, los textos ya existen, entonces lo que hay que adaptar o inculturadas es la música. Sin embargo, hay textos que pueden ser compuestos para algunas partes de la misa.

Hay puestos fijos que en ningún momento puede ser cambiados, el Gloria, el Padrenuestro, el Credo…

Existe los llamados géneros litúrgicos y musicales: el Introito, o introducción; el Gradual, que se hacía en las gradas de la iglesia, a la entrada; el Aleluya, el Gloria…

La iglesia sugiere un poco de silencio después de la homilía, para interiorizar el evangelio y la reflexión.

En la Epíclesis, el sacerdote y los fieles, invocan al Espíritu Santo para que descienda y consagre las especies de pan y vino y convertirlas en el cuerpo en la sangre de Cristo. Dios escuchó y envía su Espíritu.

La estructura de nuestra misa proviene de la estructura judía del culto.

La comunión tiene sus condiciones. Todo fiel tiene derecho a recibir la comunión como desee, en la mano o en la boca, de pie o de rodillas.

Es preciso entender que hay que pasar de una liturgia con cantos a una liturgia cantada.

Hay varios tipos de cantos:

1. los cantos del ordinario de la misa que no pueden quitarse ni cambiarse. El penitencial, el Credo, el Gloria, el Santo, el Padrenuestro, el Cordero de Dios.

2. Están también los cantos propios de la misa: que corresponden a los tiempos litúrgicos: Navidad, Pascua, Cuaresma, sacramentos, exequias… La celebración, tiene sus propios colores.

3. Los cantos del celebrante o Presidente, que sólo corresponden a quien preside, sea un sacerdote o un diácono.

4. Por último, están los cantos y aclamaciones que le corresponden al pueblo.

Algunas indicaciones

Hay cantos que no son litúrgicos, son bonitos y suenan bien, pero no son apropiados para la liturgia, no son música litúrgica.

Asimismo, el canto debe ser fiel al texto que presenta.

El canto del Cordero de Dios comienza en el momento de la fracción del pan.

No basta sólo con que nuestro cuerpo esté presente, hay que participar plenamente, ser conscientes de lo que se está realizando dentro de la celebración.

Somos servidores de la iglesia, no estrella; hay que evitar el protagonismo porque el centro de la celebración, el centro de la Eucaristía es Cristo, no nosotros.

Criterios para elegir los cantos

- conocer bien las partes de la misa y sus textos.

- ubicar el tiempo litúrgico: Navidad, Cuaresma, Adviento…

- el texto del Gloria es propio, no puede ser cambiado por versiones cortas, tiene que ser el que la Iglesia ha ofrecido siempre.

- el salmo responsorial, sino se canta todo, por lo menos cantar la antífona. No lo canta el lector cíngulo alguien del coro.

- el Santo también tiene texto propio, no puede ser cambiado y, se sugiere, que no sea con melodías de otras canciones populares; esto rige para cualquier otro canto dentro de la celebración litúrgica: Gloria, Padrenuestro…

- en la consagración se sugiere el silencio, ningún canto. Luego, un canto propiamente eucarístico.

- no hay canto para el rito de la paz. Se sugiere que se pase directamente a la comunión sin ningún canto.

Sacramentales

No son sacramentos. Tienen su propio ritual y, asimismo, hay libros con propuestas para las celebraciones.

El sentido de los sacramentales es hacer que todas las cosas sean consagradas a Dios. Es como una extensión de la gracia a todos los momentos de la vida y a todos los objetos que nos sirven y acompañan. Es, en cierta manera, una lucha contra el mal y una forma de redención.

Memoria recogida por el P. Luís Fernando Botero, en el Taller de Actualización Liturgica.

 

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